23/1/15

¿Qué estamos haciendo con nuestros mercados?

Ya lo hemos hablado en otros post: Los mercados “gourmet” están de moda.

Esto, como es lógico, conlleva opiniones a favor y otras en contra de esta nueva tipología de establecimiento que no es un mercado de abastos. Lo que está claro es que los mercados tal y como los conocemos, no están pasando por su mejor momento (salvo excepciones) ,o si no, que se lo pregunten a muchos vendedores a ver qué opinan.

El ciclo está cambiando.
Aproximadamente en los años 70 del siglo pasado hubo una tendencia por ampliar mercados, incluso a veces por duplicar el número de puestos haciéndose en muchos casos auténticas barbaridades en los edificios: nuevas plantas, se cortaron  ventilaciones, se sustituyeron fuentes de iluminación natural por otras artificiales, se incluyeron falsos techos sin sentido  Se le quitó el encanto a muchos de estos edificios… 

Sin embargo, desde hace algo más de una década la tendencia es la opuesta. Hay ESPERANZA ante un nuevo cambio.

Imagen propia. Agosto 2014

Me explico, son muchos los mercados que no completan con comerciantes sus puestos o que no abren todos los días (sobre todo en las zonas más rurales). Son pocos los mercados que funcionan muy bien, o de manera muy constante. Y el tamaño de los puestos es semejante entre mercados, y pueden tener o no aparcamiento propio; sí influye el tamaño de la población, o mejor dicho, la actividad comercial que allí se produzca, aunque no siempre se cumple. Entonces, ¿qué pasa?

Quizás como arquitectura urbana y social son el reflejo de las personas que a veces hacemos las cosas sin saber muy bien por qué. Nos dejamos llevar por la novedad: de repente abren un nuevo supermercado y dejamos nuestras costumbres de lado para ir allí, hasta que nos cansamos, y recordamos que dónde íbamos antes igual y era mejor, y queremos volver al primitivo, pero puede que en este momento ya esté cerrado.

Quizás la situación de estos edificios es el reflejo de esta sociedad inmersa en la prisa, en la búsqueda de productos envasados, que duren más tiempo, con más información descriptiva, en la compra por internet, o en la compra física pero espaciada en el tiempo y con todo tipo de género. Contra esto no pueden competir los mercados de abastos, pero sí lo hacen en calidad, autenticidad, trato directo, de confianza, con profesionales, con optimismo, con buenos precios, y suponen un incremento económico en nuestros barrios y ciudades.

Decía al principio con ESPERANZA porque es cierto que ahora existe una añoranza a lo auténtico, a la calidad, a lo ecológico y a lo natural. Estos sentimientos empujan la recuperación de los mercados de abastos, yo creo que sí. Además pienso que se debería enfatizar la belleza de estos espacios públicos para uso y disfrute. 

Se necesita reflexionar sobre su uso, su valor y su futuro de una manera transversal. 
Yo creo que hay que estudiar cada caso de una manera personalizada como en todas las rehabilitaciones, hacer investigaciones interdisciplinares en las ciudades para conocer las necesidades concretas y creo que aunque son perfectamente compatibles y necesarios los bares en los mercados, no se debería perder el poder comprar tomates, pescado o carne fresca. Son motores de actividad comercial en barrios. Son el alma de muchas de nuestras ciudades.

Sheila

**Fuentes:
PALOMARES ALARCÓN, SHEILA. "Arquitectura industrial: mercados de abastos en la provincia de Jaén. Y otros ejemplos andaluces". Jaén: Fundación Caja Rural de Jaén, 2013

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